En febrero de 1995 hubo en Bruselas una reunión de la Comunidad Europea en la que, por primera vez, se discutió sobre la “sociedad de la información planetaria” y se invitó al grupo G7, a las delegaciones gubernamentales de la Unión Europea y a los grandes responsables de empresas aeroespaciales, electrónicas, europeas, japonesas y americanas; estaba presente el creador de la noción de autopista informática, el vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore. Durante esta reunión se decidió que para dar libre curso a la autopista informática era necesario desregular, liberalizar de aquí a dos años, todos los sistemas de telecomunicación europeos. Y en esta reunión llegaron a la conclusión de que el único actor que podía establecer esta sociedad de la información planetaria era el actor privado. En las semanas que siguieron hubo apenas dos o tres líneas en los diarios sobre esta decisión histórica. La decisión se ha tomado a espaldas de los ciudadanos y con la complicidad de los Estados-naciones.
(A. Mattelart, causas y azares, 2003: 30)